martes, 23 de agosto de 2011

Biografia : Dorlan pabon

cuando era niño, pasó las verdes y las maduras soportando los rigores de la situación económica de su familia y de la ausencia de su padre que murió antes de que él naciera el 24 de enero de 1988.
Su hogar, desprovisto de la figura paterna, empezó a desplomarse. Dorlan y sus cinco hermanos vivieron momentos difíciles. "A mí me ha tocado muy duro desde niño. Yo vivía con mi mamá y ella tomaba mucho (licor) y eso no era futuro para mí. Me fui a vivir con una tía. Ella me sacó adelante. Ahora vivo agradecido con ella, con su esposo y con su hija porque me recibieron", contó.
En ese desarraigo, creció Pabón. Por eso, tal vez para abstraerse de su realidad, salía de su casa en el Barrio Campo Valdés en Medellín, apenas el día abría sus ojos hasta que la oscuridad se apoderaba del cielo. "Me mantenía jugando descalzo, sin camisa... Desde pequeño cogía un balón y me iba para la cancha desde las diez de la mañana y llegaba a las siete de la noche a la casa."
Pero en la escena apareció la pelota. Aquella encargada de propiciar las mayores alegrías pero también las más crudas decepciones. A Dorlan le tocó vivir solo la primera parte porque en su existencia no cabían más tristezas. Claro que todo llegó de a poco.
El fallecido Gustavo Upegui, dueño del Envigado, lo vinculó al equipo 'naranja' luego de que Pabón se destacara en el desaparecido Bajo Cauca de segunda división. Y allí renació. Fue como volver a nacer porque en el rectángulo de juego, los problemas de la casa y de la familia desaparecían.
"Todo lo que tengo ahora me lo dio Envigado y el fútbol," apuntó la joven promesa, siempre con una sonrisa dibujada en su rostro. Su humildad es la garantía de su sinceridad. Por eso es el 'mimado' de los veteranos de Envigado. "Pelusa (Orrego) me quiere mucho. Desde que llegué a Envigado me cogió un cariño inmenso. Ya todo el mundo dice que yo soy el 'hijo bobo de él'. Neider (Morantes) y (Juan Fernando) Leal también me quieren mucho".
Debutó con la camisa 'Naranja' en el Apertura 2008, luego de ser figura en el ascenso de 2007. Sus golazos de media distancia, su velocidad y desborde, lo hicieron merecedor del llamado a la Selección. Se estrenó en el juego ante Chile e ingresó en los minutos finales del partido ante Uruguay. Una vez más la pelota, mostró su poder milagrero porque la vida de Dorlan dio un giro completo.
De deambular por las calles de Medellín detrás de un balón, pasó a ser reconocido y solicitado. "Hay que ser humilde y si uno consigue cualquier peso no se puede creer más que nadie porque todos somos iguales", afirma sin rodeos.

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